Dream significa sueño y esconde también en su interior, si lo leemos al revés, la palabra Madre. Tener a una madre es un sueño y una realidad de la que todos gozamos o sufrimos. Y ese es el punto de partida del espectáculo que han hecho Natalia Menéndez e Israel Galván en el Teatro Español. Un no sé qué que queda balbuciendo… como diría Juan de la Cruz. Un conjunto de ideas que a mí me funcionaron en la mayoría de la propuesta, que también me sacaron de quicio en otras ocasiones. El arte es así, revuelve y embelesa a la par, como la propia vida. Aunque nos empeñemos en interpretarla de manera lineal, siempre acaba ganándonos la batalla. En el teatro, como arte viva, es bueno que las cosas nos dejen balbuciendo, a que nos dejen indiferentes. La indiferencia es un cáncer. El balbuceo es una búsqueda. 

Buscar y balbucear es lo que he hecho el fin de semana con Isidro Ferrer y su taller El elogio del desorden en el estudio de los Barfutura en La Latina. Han sido tres días de juego, de proceso, de no pensar tanto en el resultado como ir descubriendo procesos. Me he dado cuenta lo difícil que es pensar y actuar sin tener en mente el resultado final. Tenemos una mente tan cosificada y orientada al producto y la competición, que hay que hacer un ejercicio de liberar ese peso y dejarse llevar por el proceso. Isidro es un gran maestro del diseño en nuestro país y ha sido una oportunidad de compartir, escuchar y desplazar la mirada del lugar para encontrar otro espacio distinto. 

De eso estuve hablando con Mateo Feijoo en el café italiano que compartimos. Cortado y descafeinado. Nada que ver con nuestra charla que fue larga y sin filtros. Quien conozca a Mateo sabe que siempre será así. Me produce admiración su manera de ver el mundo y el arte y, sobre todo, esa constante verdad de quien conoce el sistema, pero se revuelve ante él sin ambages. Ha puesto en marcha, como curador, una exposición que ha pasado fugaz por el Intermediae en Matadero, que se llamaba Cielo redondo, Tierra cuadrada. En ella se conjuga la búsqueda del origen, de lo esencial, en un mundo que se da todo por hecho, donde las verdades y las mentiras están predeterminadas. Quizás, imaginar un mundo desde lo más primigenio, desde lo natural, no nos salve de la catástrofe, pero sí que haga que el camino sea, al menos, más auténtico. 

En el hilo del proceso me quedo con una de las frases que suelta uno de Los Javis, Javier Ambrossi, en el programa de Carlos del AmorLa matemática del espejo, de La 2, en la que dice algo así como que el aprendizaje y el proceso le producen paz. Y esto en confrontación con sus inicios, que, al no controlar el sistema, la industria, la manera de trabajar, le producía ansiedad y miedo. Me pareció muy iluminadora esa moción, esa convicción a la que llega como creador. Aprender y madurar nos lleva a la paz. Me acuerdo de los frutos del Espíritu Santo y del aprendizaje de cualquier comunidad que quiera crecer en verdad y que atisba la paz en el encuentro. 

Los verbos de la vida

LLENARSE

Lo verdaderamente urgente es llenarse de luz, de serenidad, de caricias, de besos furtivos y también de besos reposados y de escucha.

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Los verbos de la vida

ILUMINARSE

La luz. ¡Qué constante en la vida de cada uno de nosotros!. Ya desde nuestros comienzos llamamos “dar a luz” a nacer, al encuentro con lo que va a ser nuestra existencia y nuestro tiempo aquí.

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Los verbos de la vida

INVOLUCRARSE

Sentir la urgencia del compromiso más allá de nuestras fronteras es tan atávico y tan profundamente humano como la huida y la evitación

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