Escucho una entrevista al actor Tamar Novas, a propósito del estreno de su última producción, decir que convivir con algunas series como The Wire le han ayudado a ver las cosas de otra manera, sobre todo, porque muestran un ecosistema que ayuda a comprender el propio, la propia vida. Y mientras lo escuchaba entiendo esa función social de la ficción que nos ayuda a tener conciencia de la realidad aterrizando asuntos que después podemos hacer nuestros, aterrizarlos en la propia vida, en el día a día, en la realidad. Confieso que uno de los momentos de conciencia sobre el problema del machismo y la magnitud de este lo tuve viendo una obra de teatro, no una serie. Me refiero a Jauría, escrita por Jordi Casanovas siguiendo el juicio de la manada y que con tan buen tino dirigió y estrenó Miguel del Arco en el añorado Teatro Pavón-Kamikaze

Pero también me acuerdo de series, porque en estos momentos picoteo entre tres, que cumplen con creces esa labor de concienciar y ayudar a comprender la profundidad de la realidad. Me refiero a la francesa El caso del Sambre y las británicas Mr. Bates contra correos y la segunda temporada de la extraordinaria Blue Lights. Las tres, siendo tan distintas, tienen varios elementos en común. El primero, lo bien que están hechas. La factura de las series inglesas es fantástica, y en este caso la francesa no se queda atrás, los personajes son creíbles, los actores están a la altura. Pero nada de esto brillaría sin unos guiones sólidos y profundos. En los tres casos se ocupan de la vida cotidiana, de lo pequeño, de los marginados, de esas personas a quien nadie cree. 

Eso es lo que más me gusta de las tres, su punto de vista. Un punto de vista valiente y con el suficiente peso para que nos llame la atención. Estas series son como un iceberg, que lo más importante, lo que deja poso no se ve a primera vista, sino que está escondido en las subtramas, en los diálogos, en los gestos de los personajes, etc. Ahí, en ese fondo es donde está la fortaleza de la ficción porque es donde entronca con nuestra realidad, provocan nuestra compasión y cambian nuestra mirada. 

El caso del Sambre sin terminarla aún de ver me trae recuerdos de la británica La sombra alargada y vuelve a resonar una y otra vez los ecos del lugar que ocupa la mujer en la historia y cómo el hecho de “ser mujer” condiciona la investigación de unos casos que desde el comienzo están contaminados por ese matiz. Ese desvío de la mirada provoca el alargamiento de las investigaciones y el limbo donde se amontonan los casos sin resolver, las investigaciones que no se cruzan, la lentitud de las instituciones. Como si la mirada masculina no dejara espacio para la justicia porque no sabe ver más allá de sus propios problemas, y aunque cada capítulo está protagonizado por una mujer distinta, todas se encuentran con el mismo vacío, con el mismo silencio, con la misma nada. 

Mr. Bates contra correos es una miniserie excelente. La voz de Mr. Bates se alza como altavoz de todos los perjudicados por la mala gestión de la empresa estatal de correos con los jefes de las oficinas a los que consideran culpables sin atender a los errores del programa de gestión Horizon. La historia es una nueva revisión de David contra Goliat en la que la dictadura del capitalismo saca sus garras en su propia defensa (en la de las instituciones) olvidando a su paso a las personas. Así pasa, y así nos pasa. En ocasiones olvidamos que la persona no debe abandonar el centro de cualquier institución o sistema porque cuando lo hace se pervierte todo posible discurso humanista, asistencialista o religioso… Y el centro pasa a ocuparlo el dinero, las transacciones, la viabilidad, lo rentable y lo pragmático. Y esta serie deja en evidencia a un sistema, que, aunque quiera, no puede llegar más allá. Y en ese límite olvida en muchas ocasiones, la verdad y la justicia. 

Blue Ligths es una serie sobre policías novatos que comienzan su trabajo en una comisaría de Belfast. Empujada por el género policíaco, pero dándole profundidad a cada uno de los personajes, nos presenta las vidas de gente como nosotros en medio de un mundo cada vez más violento, con un pasado social y personal traumático, que se enfrenta a un presente y un futuro que no ayudan a solventar las heridas pasadas.

Uno de los capítulos de esta segunda temporada se llama también Iceberg y creo que recoge también todo el clima enrarecido y tóxico que tenemos que aguantar cada día a expensas de que en algún momento nos estrellemos con él y nos demos cuenta de que todo lo que escondía ese trocito que apenas vislumbrábamos era un monstruo mucho más grande. Entonces, ya será tarde. Nos habremos hundido. 

Sin embargo, ver esta serie, sus personajes, sus historias, sus incoherencias y sus dificultades, su ilusión y su fe en el ser humano me ayudan a pensar que quizá todo vuelva a su ser. Todo pasa, reza igualmente el primer capítulo, todo pasa. No sabemos a consta de qué. Santa Teresa, visionaria donde las haya, ya lo decía unos siglos atrás: «Todo se pasa, Dios no se muda».  Le añadiremos un poco de esperanza y paciencia, y seguiremos descubriendo y admirando estas epifanías que se nos regalan por el camino en forma de conciencia, arte y serial. 

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