LA VUELTA AL COLE QUE NO SALE EN LOS CATÁLOGOS

Llega finales de agosto y, para quienes somos maestros y profesores, es inevitable sentirnos en una especie de cruce de caminos. Por un lado, todavía saboreamos el modo desconexión: descanso, calma, silencio. Pero, casi sin darnos cuenta, se encienden los motores del modo cole: ¿cómo motivaré a mis alumnos?, ¿qué nuevas actividades innovadoras introduciré en el aula?, ¿cómo organizaré el tiempo, los recursos?… Y en nuestra mente, sueños e ilusiones comienzan a agolparse con fuerza.

La sociedad, mientras tanto, con su marketing publicitario tan potente nos bombardea con la clásica campaña publicitaria de la “vuelta al cole”: mochilas irresistibles, cuadernos de colores, estuches infinitos, bolígrafos de mil cole

ores, carpetas con diseños irresistibles, agendas de diversos tamaños… Parece que toda gira en torno a lo que se compra o se estrena y cuál será el último modelo que podamos conseguir al mejor precio. Pero, ¿y si la verdadera campaña no estuviera en los catálogos ni en los escaparates?.

Quizás la auténtica “vuelta al cole” no esté en los catálogos ni tenga que ver con descuentos ni rebajas, sino con poner en valor la gran vocación del profesorado: la de formar personas y construir futuro. Somos artesanos de humanidad, sembradores de valores y soñadores que creen en la construcción de un mundo más justo y fraterno, donde haya sitio para todos y todos nos sintamos incluidos por el simple hecho de ser personas.

La verdadera campaña late en el corazón de cada docente que inicia un nuevo curso con ilusión y compromiso, con la novedad y la responsabilidad de quien es consciente que en sus manos tiene el arte de educar personas y sociedades, de que se educa más con el ejemplo que con la metodología. Además, con el compromiso constante de actualizarse en lo personal, profesional, social y espiritual, para poder aportar lo mejor de sí mismo. Educar no es llenar de contenido y de saberes la mente sino es regalarle tu experiencia de vida y abrirle horizontes. Educar es estar continuamente aprendiendo para poder enseñar. La verdadera “vuelta al cole” se activa cuando elegimos ponerle alas a nuestros sueños, cuando optamos por escuchar el viento que trae lo inesperado de un curso nuevo y nos atrevernos a desplegar lo mejor de nosotros en cada clase, con cada alumno/a, con cada compañero/a y con cada familia que atendemos y con quien colaboramos en la educación de su hijo/a. Entonces, cumpliremos con nuestra finalidad de ser maestros de sueños, sembradores de esperanza y acompañantes de vida y de futuro.

La verdadera “vuelta al cole” tiene mucho que ver con la motivación y la ilusión de los alumnos, que llegan con mochilas llenas de ganas de crecer, de descubrir, de aprender, de vivir nuevas experiencias. Sus ojos, curiosos y brillantes, nos recuerdan que la educación es un viaje donde lo importante no son las metas finales, sino cada paso compartido. La educación tiene mucho de intentos, de ensayo-error, de “caerse y levantarse”… pero han de aprender que el camino del aprendizaje de la vida no se recorre por los senderos de lo fácil, de la inmediatez, de lo rápido, sino por la pedagogía de los intentos una y otra vez con esfuerzo, constancia y tesón. Como recuerda Víctor Küppers, el valor de una persona es (Conocimiento + Habilidad) x Actitud. Lo que multiplica siempre es la actitud. Y esa actitud positiva, resiliente y valiente es la que hemos de cultivar cada día en nuestros alumnos/as.

La campaña también debería estar enfocada a los centros escolares, llamados a ser mucho más que edificios con aulas. Han de ser verdaderas escuelas de vida, espacios donde se cultiva tanto la inteligencia como el corazón. Lugares donde la convivencia, la amistad, el respeto y la creatividad, el trabajo cooperativo, la resiliencia, el esfuerzo, la constancia, los valores humanos y cívicos se convierten en aprendizajes tan valiosos como las matemáticas o la lengua.

También las familias forman parte de esta campaña, que confíen en el colegio que han elegido segundo hogar para sus hijos, donde no solo reciben conocimiento, sino también acompañamiento, valores y oportunidades para crecer en sabiduría y en humanidad. Ellos saben que la mochila más importante que sus hijos llevarán a la espalda no será de tela ni de piel, sino la que se irá llenando día a día de experiencias, aprendizajes y sueños compartidos. Por eso, familia y escuela necesitamos caminar de la mano, aunar esfuerzos y remar en la misma dirección.

La verdadera campaña no se mide en ofertas ni en descuentos. Se mide en ilusión, en esperanza y en compromiso. En la responsabilidad por parte de todos, —ministerio, centros, profesores, alumnos, familias y sociedad— de construir juntos personas y futuro, sociedad y sueños.

Llega finales de agosto y, para quienes somos maestros y profesores, es inevitable sentirnos en una especie de cruce de caminos. Por un lado, todavía saboreamos el modo desconexión: descanso, calma, silencio. Pero, casi sin darnos cuenta, se encienden los motores del modo cole: ¿cómo motivaré a mis alumnos?, ¿qué nuevas actividades innovadoras introduciré en el aula?, ¿cómo organizaré el tiempo, los recursos?… Y en nuestra mente, sueños e ilusiones comienzan a agolparse con fuerza.

Al final del curso, lo que permanecerá no será la marca de la mochila ni el diseño de la agenda, sino las vidas tocadas, los sueños acompañados y la alegría de haber seguido aprendiendo juntos.

La mejor campaña es la que no sale en los catálogos: se vive, se sueña, se apuesta, se comparte y se siembra en cada alumno/a.