Quizá la mejor comunicación es la que es capaz de atraer la atención de todos los públicos. Sí de todos. Aunque tu discurso se dirija a la gente con capacidad comprensiva, es decir, a partir de los 10 o los 12 años, tus palabras tienen que captar la atención de los jóvenes, de los adultos y de los ancianos.  

Este pensamiento es muy bueno tenerlo en cuenta, sobre todo en esas experiencias de catequesis familiares, cuando en algún momento juntamos a padres y a hijos en un mismo espacio y una misma actividad.

Pero a los menores de diez años también se les puede hacer sentir parte del momento. ¿Cómo? Pues siguiendo el consejo evangélico de Jesús: “Dejad que los niños se acerquen a mí”.  Permitir en ese momento que Jesús (sea cual sea el modo de presencia que se haya elegido para el momento: una presencia eucarística, una silla en el centro, una cruz, un cuadro…) se deje rodear de niños.

Pero llegar a todos los públicos es mucho más que hacerse rodear de los más pequeños, que bajar a la arena, que pasear entre la gente mientras hablas. Claro que es mucho más que eso. 

 Llegar a todos los públicos, fundamentalmente es lo que he dicho al principio: “atraer su atención”.  Por eso, entre tus palabras tiene que haber frases que se dirijan al niño y la niña que está en la catequesis; al adolescente que quizá va a misa pero no quiso seguir con la Confirmación, al joven que además de estar en plena ebullición hormonal vive enganchado a las redes, o preocupado por su futuro universitario o laboral; al adulto que vive a caballo entre las preocupaciones de la paternidad, la hipoteca y la inestabilidad laboral; al adulto que ya ve cercana su jubilación, o a quien hace años que se jubiló y quizá lo que viene a pedir al cielo es un año más de vida para ver y disfrutar de los nietos; tantas y tantas realidades que se deben tener presentes y a las que se puede hacer referencia.

Tampoco pasa nada por hacer discursos centrados en una franja de edad, en un colectivo concreto, en las madres, en los padres, en los abuelos, en los trabajadores, en los estudiantes… todos también tenemos que aprender a escuchar cosas que afectan o interesan a otros. 

Por otro lado, pensar en un discurso “para todos los públicos” nos ayuda a medir las expresiones, los giros, las referencias, los gestos… nos obliga a ser cercanos para todos. 

Y también a medir el tiempo, como en mi caso son los dos minutos que te demando cada vez que me lees

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LOS SERMONES

En este blog dedicado principalmente a los catequistas y profesores de religión, también los sacerdotes pueden encontrar pistas , recursos y consejos que son aplicables al arte de la homilética.

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