Vengo dándole vueltas estos días después de ver la serie de HBO, DTF St. Louis al tema de los afectos, los sentimientos y los vínculos en nuestra sociedad contemporánea. Porque es un tema que me ocupa y me preocupa. Porque eso del querer, del encuentro y de los afectos, llena gran parte de la vida. Y en muchas ocasiones lo dejamos pasar como si fuera algo menor, sin importancia

Como los pensamientos van dándose en racimos, cae en mis manos el pequeño ensayo de Eva Illouz llamado Tecnologías de los sentimientos. Cómo el tecnocapitalismo explota nuestra subjetividad y que, como apunta en una de sus intuiciones su autora, “la máquina se conecta directamente con las emociones humanas, que, a su vez, son organizadas por la máquina. Es la lógica del tecno capital la que ha operado esta simbiosis, a través de los ciborgs emocionales”. No sé en qué soñarán estos ciborgs pero estoy seguro de que sus sueños se compondrán de pedazos de nuestras vidas que vamos dejando por las redes. 

El libro termina con tres conclusiones que me parecen interesantes y que comparto. La primera es la pérdida de la experiencia y, por ende, de la corporeidad. Se marchita de alguna manera la experiencia emocional, sobre todo a partir de la pandemia donde cambiar de manera importante el uso de la tecnología creando simulacros de experiencias que cercenan la propia realidad. Por otro lado está la soledad, en medio de la multitud. “Esta forma de soledad es espectacular, porque implica no salir de la casa o de la habitación durante largos períodos de tiempo, lo que anula la propia integración del individuo en la estructura social”. Y, finalmente, el deseo de salir de la realidad invocando una autenticidad que “es una potente herramienta emocional que difumina la frontera entre lo real y lo falso”.  

Alejarnos de la experiencia, del encuentro con los demás, alimenta el individualismo y nos coloca, en muchas ocasiones, en una superioridad moral frente a los demás porque nos empeñamos en entender a los otros solo desde nuestra mirada, sin caer en la cuenta de la que ellos tienen de nosotros. A veces es el propio algoritmo el que alimenta nuestras radicalizaciones y así veo, cada vez con más frecuencia, opiniones, comentarios y reacciones de gente conocida que se convierten en carne de cañón dando rienda suelta a pensamientos más cercanos al extremo que a la prudente sutileza de las cosas. 

Atrincherarnos en la soledad es dar la espalda a los otros. La soledad buscada y el silencio habitado nos encienden por dentro cuando nuestro objetivo es otro,  pero la soledad como parapeto, como espacio resguardado ante el conflicto, es una actitud kamikaze, es una bomba de relojería que, unida al silencio, puede convertirse en un constante tono vital agresivo-pasivo.

Escapar de la realidad no es otra cosa que dar la espalda a la vida y, a la vez, ponernos de perfil frente a las necesidades del otro. Y si además lo revestimos de aparente autenticidad se convierte en algo más peligroso que pervierte incluso nuestras relaciones con lo real y puede acabar de tener implicaciones políticas. Como en la actualidad, que en vez de decidir en base a lo que vemos o experimentamos en las calles, lo hacemos en base a los videos que vemos en las redes. En muchas ocasiones esta circunstancia provoca la creciente identificación con posturas de corte extremista que no tienen ningún apoyo en un discernimiento pausado. 

Pensándolo bien, todas las intuiciones que aparecen en el libro se alejan de la experiencia de la Pascua que, por contra, se basa en la experiencia del Resucitado, en la vuelta a la comunidad después de la soledad y el silencio y en el reconocimiento de lo nuevo, esa nueva realidad que se manifiesta en la Iglesia naciente. Quizás tendríamos que volver a incorporar en nuestro día a día ese aprendizaje triple: la experiencia, la comunidad y el reconocimiento. Y complementarlo con la necesaria sutileza como clave esencial para mirar la vida con calma. Una actitud urgente que no nos aboque para no dejarnos llevar por el trazo grueso que todo lo contamina y que se carga de raíz la profundidad de los afectos. 

Culture Club

LA NECESARIA SUTILEZA

Vengo dándole vueltas estos días después de ver la serie de HBO, DTF St. Louis al tema de los afectos, los sentimientos y los vínculos en nuestra sociedad contemporánea.

ver más »
Culture Club

LA LIGEREZA

A veces la vida se lleva por delante hasta los propios pensamientos, hasta esa subjetividad que aun pareciendo que es propia, se convierte en caldo de cultivo de los demás. 

ver más »
Culture Club

HASTA LA MONTAÑA

Acabo de ver la película Bergers (Sophie Deraspe, 2025) y me acuerdo de los versos de Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual.

ver más »