Sin pretender sentar cátedra, ni mucho menos, y con toda la buena voluntad del mundo voy a proponer un decálogo, el que siento que me ha inspirado pensar no solo en los catequistas y profesores de Religión, también en los sacerdotes y sus homilías, a los que me referí en el post anterior.
- Prepara tu comunicación en oración con Dios, eres su portavoz, fuiste llamado para dejarte hacer por Dios, ponerte a su servicio, y ofrecer tus manos y tus labios para proclamar la palabra de Dios, para explicarla, para hacerla accesible, para desentrañar sus valores y hacerlos llegar a tu público. Vas a hablar de la relación histórica del ser humano con el Absoluto, con el Creador, con el Padre. Es como para pararse antes un momento, ¿no?
- Créete tus propias palabras. Nunca hables de memoria, habla desde la experiencia de fe y de Dios y mucho mejor si es desde TU experiencia de fe, TU experiencia de Dios. El primero que tiene que creerse lo que vayas a decir eres tú.
- Déjate sorprender. Porque al final el mérito no ha de ser tuyo sino de Dios. Si alcanzas a sorprenderte de lo que has preparado y a reconocer que “Otro” escribió a través de tí estarás acertando.
- Habla a tu público concreto. No hagas discursos para proclamar en las “Naciones Unidas”, dirígete a la gente que tienes sentada frente a ti, ya sean mayores, jóvenes, niños, familias, trabajadores, amas de casa, estudiantes, catecúmenos… Piensa en el público concreto que tienes delante.
- Háblales de sus vidas, de su día a día, de lo que pueda preocuparles en cada momento, de las noticias más actuales. Trae el Evangelio y los valores que defiende la Iglesia al día de hoy, a la fecha del calendario. Los gálatas, los efesios, los romanos, los de la comunidad de Jerusalén, los discípulos de Cristo somos hoy nosotros.
- Escoge solo una o dos ideas y exponlas al principio y al final de tu discurso. No pretendas abarcar mucho. Ideas pocas y claras. Selecciona lo que ese día te parezca más importante que quede en sus corazones.
- Lee, lee mucho, lee “todo”. Nadie da lo que no tiene y tanto para adquirir formación como para desarrollar posteriormente ideas, es importante haber leído a otros. En este capítulo podríamos meter también el consejo de “escucha a otros” que hacen lo mismo que tú.
- Practica técnicas de vocalización, de dicción, de comunicación no verbal. Mejora tu técnica de comunicación. Descubre el valor del silencio, de los silencios, de las miradas, de la posición de las manos, de todo tu cuerpo (de eso ya hemos hablado en posts anteriores, búscalo).
- Valora la tecnología en su justa medida. Desde la calidad del sonido de los micrófonos hasta el uso de material de apoyo audiovisual en tus exposiciones.
- Y para el final dejo un consejo importante: no te agobies ni obsesiones con los nueve puntos anteriores. Tómalos como una ayuda, porque lo más importante es que al final seas tú mismo, seas auténtico, tus palabras salgan de tu corazón conectado al corazón de Dios.


