ÉTICA DIGITAL PARA LA ERE: MANUAL DE BUENAS PRÁCTICAS

Siempre que se emplean medios o dispositivos digitales en cualquier ámbito es necesario un conocimiento suficiente de los mismos, así como de los ámbitos que estos abarcan o la incidencia que su uso puede tener, tanto con un correcto manejo como con errores muy comunes que repercuten negativamente. La tecnología, por muy obvio que nos pueda parecer, debe estar regulada de una forma coherente, concisa y sin malos entendidos que nos puedan llevar a un atolladero digital o a un bloqueo que cristalice en falta de operatividad.

Por todo ello es necesario una ética de lo tecnológico. Es imprescindible que los usuarios y los destinatarios sepan qué está bien y qué mal a la hora de usar dispositivos o herramientas que emplean la tecnología para una digitalización de los mensajes o de la comunicación. Es esencial que sepamos respetar los códigos o reglas establecidos para que todos aquellos recursos digitales que empleemos estén al servicio de un bien buscado a través de un uso correcto, que tiene en cuenta autorías, servicios disponibles, autenticidades y demás variables que, si bien tenemos en cuenta y respetamos en muchos ámbitos de la vida, en no pocas ocasiones descuidamos a la hora de trabajar el ámbito TIC.

La enseñanza religiosa escolar o el ámbito de la pastoral educativa es un marco ideal para invitar a todos sus agentes (profesorado, alumnado, catequistas, catecúmenos) a seguir un proceso de aprendizaje de buenas prácticas en el uso de la tecnología. De ese modo no solamente abrimos la puerta al conocimiento de nuevos recursos de gran utilidad en esta dimensión de la transmisión y el conocimiento de la fe, sino que crearemos ciudadanos responsables y sabedores de cómo la digitalización conlleva una responsabilidad cuyas bases bien pueden ser compartidas para instruir e ilustrar a otros con el fin de dar coherencia y mesura al uso de tecnología en ámbitos educativos.

A continuación, y a modo de pequeña guía, veremos algunos aspectos que se consideran esenciales a la hora de emplear la tecnología como un recurso educativo. Lo que llamaremos manual de buenas prácticas.

  • El tiempo cuenta”. Todo proceso de enseñanza-aprendizaje conlleva una variedad de recursos entre los que la tecnología está presente. Sin embargo, debe hacerse una racionalización del tiempo que destinamos a este enfoque educativo, dándole un espacio suficiente y sin abusar de su uso. A veces pretendemos usar tecnología para algo que no la requiere y es ahí donde una formación pedagógica abundante nos puede ser de utilidad para establecer los tiempos de una manera natural.
  • En tecnología no siempre “lo mío es de todos”. A la hora de utilizar un recurso digital ya editado, cuando nos servimos de una imagen o un vídeo extraído de la red, o cuando llevamos a nuestro terreno el trabajo realizado previamente por otras personas, siempre hemos de citar a los autores. No solamente en señal de respeto, sino también de reconocimiento al trabajo hecho por otros que facilita el nuestro. Es esta una práctica muy habitual y que no pocas veces, algunas intencionadamente, es obviada. Una ética digital siempre tiene en cuenta la autoría de los contenidos. La propiedad intelectual es un bien a cuidar por parte de la comunidad de usuarios.
  • A la hora de usar ciertos recursos educativos digitalizados debemos ser conscientes de que “no todo es gratis” y que algunos de ellos requieren de una suscripción o, sencillamente, nos interpelan a dejar constancia del destino de estas herramientas, así como de la autenticidad de quienes las usemos. Por ello es necesario cumplir con un mínimo de honestidad y seguir los pasos necesarios de lo que se me pide para utilizarlo con sentido y responsabilidad.
  • Cuando empleamos plataformas de intercambio de recursos para valernos de sus materiales hemos de aplicarnos la máxima “quid pro quo”. Esto implica que, si nosotros accedemos a los recursos editados y confeccionados por otras personas, también debemos poner al servicio de estas nuestras creaciones fijadas en esa misma plataforma. Agradecemos el trabajo de otros y otros agradecerán el nuestro. En la ERE es algo tan esencial que bien puede aplicarse a todos los ámbitos de la vida, por tanto, también a una ética digital.
  • La diversidad y la inmensidad del mundo tecnológico es tal que siempre va a haber algo que desconozcamos. Sin embargo, siempre hay personas dispuestas a ayudarnos que constatan que “dar buen consejo al que lo necesita” puede ser una obra de misericordia también digitalizada. No debemos perder la oportunidad de preguntar por lo desconocido, pedir asesoramiento a aquellos que saben algo que nosotros no sabemos, emplear canales para intercambiar opiniones, consejos y saberes que siempre van a ser de utilidad en nuestra práctica pastoral o docente
  • Y, si de obras de misericordia estamos hablando, “enseñar al que no sabe” también tiene cabida en esta temática. Toda buena práctica educativa o pastoral requiere de una formación permanente y un continuo reciclaje de saberes y estrategias. Por tanto, es indispensable que exista un proceso formativo adecuado en el que aprendamos a manejar correctamente los recursos, los dispositivos. Una formación que nos oriente en la acción educadora con enfoque TIC. Que nos presente variables, que nos inspire, que nos dé certezas y anime a seguir este camino apasionante y así nuestra labor cristalice en buena práctica educativa, buena transmisión conceptual y buena pastoral.

Todas estas premisas son parte de un conglomerado de ideas, consejos y saberes sobre cómo emplear la tecnología en un contexto educativo con honestidad, coherencia, respeto y responsabilidad. Siempre desde el prisma de unos educadores que quieren lo mejor para los destinatarios de su labor y, por ello, son testigos de lo que enseñan, desde el ejemplo de vida propio. Algo que conlleva, también en este campo, vocación y apertura hacia los demás para compartir inquietudes, esfuerzos y resultados. Las tecnologías de la información y la comunicación no son distintas a otros recursos o variables que intervienen el proceso formador o educador. Sin embargo, tienen una especificidad que alude básicamente a algo novedoso que, por esta novedad misma, es desconocido muchas veces y por ello es percibido con cierto temor.

Un manual de buenas prácticas con herramientas TIC ayuda y facilita su manejo. Pero un uso responsable y con buena formación es definitivo para llevar el Mensaje a quienes lo necesitan sin que este se desvirtúe y nuestra labor sea fructífera.