La templanza es una gran virtud que se caracteriza por el hábito de la automoderación juiciosa y razonable de los impulsos y del uso excesivo de los sentidos. Es la virtud que nos capacita para controlar y canalizar inteligentemente nuestros sentimientos y nuestros deseos y da la posibilidad de dirigir actividades y pensamientos de manera equilibrada. Hay quien ve la templanza como una virtud maestra porque alrededor de ella giran las demás virtudes.

Es un valor ordenador en la armonía y perfección de la interioridad de la persona. De hecho, la templanza se refiere a la ética personal, puesto que es un dinamismo interno del sujeto. Es adecuarse a las reglas internas, no a las reglas externas de la sociedad. Lo cual significa que esta virtud no es sinónimo de represión, sino de moderación. Es la afirmación positiva de la integridad personal. La persona moderada es la que sabe afrontar la realidad con serenidad, centrada en lo que de verdad importa.

Esta virtud se compone de cuatro fortalezas que nos protegen de los excesos:

  • El perdón y la compasión nos protegen de los excesos del odio.
  • La humildad y la modestia nos protegen del exceso de amor propio, de la soberbia y de la arrogancia.
  • La prudencia nos protege de los excesos asociados con un hedonismo exagerado.
  • El autocontrol es la capacidad de controlar los propios impulsos y emociones.

A la luz de la Palabra

En las palabras que el apóstol Pablo dirige a Timoteo podemos encontrar una valiosa enseñanza:

Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza (2 Tim 1,7).

Pablo habla de la importancia del amor y del dominio propio, es decir, de la templanza. Dios no quiere que la derrota sea parte normal de la vida de las personas. En realidad, tendríamos que ser personas bien disciplinadas antes que esclavas de nuestras emociones. Vencer las emociones significa no permitir que estas nos impidan hacer algo que deberíamos estar haciendo, no deben dominarnos. Ello implicaría una derrota y en mi interioridad no puedo aceptar el ser una persona derrotada por esas reacciones emotivas. Por el contrario, tenemos que ser disciplinados y vencer los sentimientos de miedo o de odio.

La templanza es una de las cuatro virtudes cardinales de la Iglesia católica junto a la prudencia, la fortaleza y la justicia. Dicha virtud mantiene el equilibrio y el dominio sobre la voluntad del individuo, logrando él mismo moderar los instintos, sublimar las pasiones y controlar los impulsos y deseos:

Poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor. Pues estas cosas, si las tenéis en abundancia, no os dejan ociosos ni infecundos para el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (2 Pe 1,5-8).

Actividad de reflexión inspirada

Podemos proponer a cada estudiante que, en un ambiente de calma y silencio, recuerde y analice aquellas situaciones en las que se ha dejado llevar por un impulso incontrolable y ha hecho algo que ha podido hacerle daño a sí mismo o a otros: ¿Qué emociones, sentimientos o deseos originaron ese impulso?

Compartimos y reflexionamos sobre estas situaciones que hemos vivido y nos preguntamos: ¿Seguimos dejándonos llevar por estos impulsos? ¿Cómo podemos aumentar nuestro autocontrol?

Podemos proponer comentar la siguiente reflexión:

No siempre estarás motivado, tienes que aprender a ser disciplinado.

La finalidad es que los estudiantes descubran las claves para cultivar la virtud de la templanza. Que sepan identificar y gestionar emociones, sentimientos o deseos. Que interioricen la importancia de la motivación, pero también de la disciplina. Ambas, motivación y disciplina, son claves muy importantes para una adecuada gestión de los dinamismos internos de la persona.

Esta gestión de dinamismos intrapersonales es fundamental para el desarrollo de las relaciones interpersonales y elemento clave para el desarrollo de proyectos colaborativos desde la clase de Religión.

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IMPULSAR LA MODESTIA

La fortaleza de la modestia o humildad implica dejar que nuestros talentos, méritos y logros hablen por sí mismos. Las personas con esta fortaleza no son individuos con baja autoestima, simplemente no buscan ser el centro de atención y no se ven como si fueran mejores que otros

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REFORZAR EL AUTOCONTROL

El autocontrol o autorregulación es la capacidad de controlar nuestros deseos, emociones, sentimientos y conductas con el objeto de gobernar la propia vida.

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PRACTICAR LA PRUDENCIA

La prudencia es una de las fortalezas cognitivas englobadas en la virtud de la templanza. Es una orientación hacia nuestro futuro personal.

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