Sentí mi cuerpo en mi cuerpo

balanceando mis brazos

y acariciando mi alma

acogiendo el universo.

Abrazar es “estrecharse en los brazos en señal de cariño” para poder abrazar al otro desde la misma experiencia. 

Seguro que has recibido un cálido abrazo en algún momento de tu corta o ya larga vida. Ese que hizo que tu cuerpo pudiese sentir el calor del otro cuerpo que te acogía. De esos en los que escuchabas el palpitar de un corazón cerca de ti y que te permitía acompañarte con la respiración descansada cerca de tus oídos. Es cierto que solo se puede sentir así cuando te sientes unido, recogido y confortado con la presencia de alguien que amas y te ama. 

Edvard Munch, pintor noruego de finales del siglo XIX, nos habla en 1897, en El beso, de ese encuentro, de la necesidad de unión entre dos personas y de la inevitable creación de ese nuevo espacio íntimo. Nos invita a descubrir la fuerza vital que nos ensancha y nos descubre el latido piel con piel, el nuevo rostro que nace de ese encuentro, desvinculado del yo para vincularse al otro y para ser uno. Esa experiencia vital que te vincula a la vida de la humanidad.

Pero descubres, así, que, antes, has tenido que abrazar el yo que eres y el niño que, en esencia, sigues siendo. Y sabiendo desde lo más recóndito de ti que solo estrechando las alegrías, los miedos, la tristeza y los sueños, solo acunándolos o entre susurros de amor, puedes envolverte y descubrirte y ser lo mismo con el otro, fundiéndose y desapareciendo cuando los ojos se cierran.

También aprender a rodearte, encontrarte mecido entre tus propios brazos supone un reto para conversar con tu cuerpo en lo que es: lo que te gusta de él y, también en lo que te disgusta o no aceptas. Se transforma en una invitación a que te acerques hoy hacia ti, que acojas toda tu historia, tu infancia, tu juventud y tu madurez. Así, podrás volver a sentir el calor de esa ternura infinita que te despiertas a ti mismo/a y te prepara para regalarla a los demás.

De esta forma, solo desde esta experiencia sanadora puedes aprehender al otro y caminar despacio en su espacio, para fundirte y formar otra entidad con vida propia y que seáis con una única respiración acompasada.

PARA SENTIRTE

  • Te invito a encontrar un espacio íntimo cada día para abrazarte durante tres minutos, cerrando los ojos y sintiendo el calor de ti mismo o de ti misma. Si te tratas con dulzura en este tiempo tan personal irás descubriendo el profundo amor que emana desde lo más profundo de ti. Sentirás recogimiento, paz y aceptación.

PARA SENTIR

  • Solo abrazándote puedes abrazar. Descubre el abrazo. Abraza hoy a la persona que amas durante dos minutos dejándote sentir, descubriendo la complementariedad del donar y el recibir. Escucha el latido de su corazón y escucharás el tuyo. Un solo corazón cuando estoy conmigo, dos corazones en uno cuando me fundo en ti.

Música propuesta para acompañar el momento: You ( Keaton Henson)

*La imagen es El beso, Edvard Munch (Museo Munch, Oslo, Noruega).

Los verbos de la vida

AGRADECER

Agradecer es “sentir o mostrar gratitud”. Agradecerse es sentir que dentro de ti mismo está todo lo que necesitas para seguir creciendo, amando y disfrutando.

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Los verbos de la vida

ACEPTARSE

Aceptar es “recibir voluntariamente o sin oposición lo que se da”. Aceptarse es asumir que tú mismo eres lo que eres.

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Los verbos de la vida

ABRAZARSE

Abrazar es “estrecharse en los brazos en señal de cariño” para poder abrazar al otro desde la misma experiencia. 

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