Pero… ¿ciencias y religión…?

En el colegio en el que trabajaba antes, después de llevar unos años dando Física y Química en Secundaria, un día me propusieron prepararme para ser profesora de Religión y dije que sí. De aquello hace ya unos veinte años, tiempo que llevo simultaneando la enseñanza de la ciencia con la de religión. Mis alumnos vivían extrañados ante ese «doble papel mío» y me preguntaban: «Profesora, pero…¿Física y Química, y Religión?». Para ellos era una especie de bipolaridad la que se estaba librando dentro de mí: ¿cómo era posible que yo, en una hora determinada, hablara de átomos, reacciones, leyes de Newton… y, a la hora siguiente, hablara de la creación, la Biblia, Jesús…? Aquello era incompatible en su mentalidad: o eras de un bando (el de la ciencia) o eras del otro (el de la religión), pero de los dos… eso era imposible. En alguno de los campos tenías que estar mintiendo o fingiendo…

Esta mentalidad no está tan lejos de lo que hoy aún piensan muchos. O ves el mundo desde los ojos de la fe o desde los de la ciencia, no puede ser de otra manera. Y, normalmente, en este «debate» o «enfrentamiento» entre formas de interpretar la vida, suele salir ganando la ciencia. Pero yo, con el tiempo, he tenido la suerte de darme cuenta de que, verdaderamente, no puedes (ni debes, me atrevería yo a decir) prescindir de ninguna de ellas, sino que verdaderamente ambas son complementarias en la contemplación del mundo y la vida.

Los seres humanos nos preguntamos cosas. Contemplamos el mundo que nos rodea, y decimos: «¿por qué?». Y está en nuestra naturaleza buscar la respuesta. Gracias a esta búsqueda hemos llegado lejos: hemos aprendido a volar sin tener alas; y a sumergirnos durante horas en los océanos sin tener aletas ni branquias; hemos desafiado (y seguimos haciéndolo, ¡qué decir de los tiempos que corren!) a la enfermedad y, en muchísimos casos, las hemos vencido; hemos sido capaces de explicar nuestro origen y el del universo; hemos viajado al interior del átomo y a la luna; estamos embarcados en la misión a Marte… ¿No es una maravilla hasta dónde hemos sido capaces de llegar gracias a la ciencia? Pero, como decía el físico alemán, premio Nobel de Física en 1933, Erwin Schrödinger (quizás te sonará su nombre del famoso experimento del gato de Schröndinger): «¿de dónde vengo y adónde voy? Esa es la gran cuestión insondable, la misma para cada uno de nosotros. La ciencia es incapaz de responderla».

Es cierto. Hay una pregunta, eterna pregunta, que late dentro de nosotros y que nos llama a trascender lo que nos rodea y trascendernos a nosotros mismo. Esa pregunta que te obliga a sumergirte en el misterio de la vida, que activa nuestra curiosidad y nos empuja a la búsqueda de la razón por la que estamos aquí… Una búsqueda que aún no hemos agotado y que sabemos que no podemos abandonar porque sin ella la vida no tendría un sentido completo. Y ahí está la religión.

Es en la religión, en la vivencia de nuestra fe (la fe de cualquier confesión que se viva con verdadera coherencia y profundidad) donde uno puede encontrar la respuesta a estas preguntas. O, al menos, el camino por el que empezar a transitar para llegar hasta ellas. Pero, en este camino, la religión no debe olvidarse de que su vivencia ocurre dentro de un mundo con leyes físicas habitado por seres (los humanos) con las herramientas para poder desentrañarlas, comprenderlas y aplicarlas.

Decía Neil Turok, físico teórico sudafricano, en su libro El universo está dentro de nosotros (Plataforma Editorial, Barcelona, 20215): «El amor por la naturaleza puede hacer que nos unamos y nos ayude a apreciar que somos parte de algo mucho más grande que nosotros. El sentido de pertenencia, de responsabilidad y de causa común conlleva humildad, compasión y sabiduría. (…) Ya es hora de conectar nuestra ciencia a nuestra humanidad y, al hacerlo, elevar las perspectivas de ambas». Yo, personalmente, aquí encuentro esa perfecta sintonía entre ciencia y religión, y descubro que una no ensombrece a la otra sino que pueden comprenderse mutuamente y, juntas, complementarse, complementarnos y completarnos. De eso justamente intentaré hablar en este blog.