Clase de Religión a distancia: ¿una barrera insalvable?

¿Es posible una educación a distancia con resultados óptimos? Sin duda estamos comprobando que las nuevas tecnologías sí permiten una transmisión de conceptos y diversas dinámicas dejando a un lado la necesidad de que alumnado y profesorado compartan espacio físico. Además, los resultados de este tipo de enseñanza no están siendo tan negativos como a priori se pueda pensar. Pero ¿es posible que una asignatura como Religión sea impartida en esta modalidad no presencial? ¿Se puede desarrollar una asignatura tan especial como esta a través de una pantalla? Aquí la respuesta se torna un poco más complicada.

La Religión toca varios aspectos de la dimensión humana que jamás podrán suplantar las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Los sentimientos, los gestos, los tonos de voz, los silencios, la interioridad, las emociones, la espiritualidad … difícilmente pueden ser trabajados de forma íntegra desde un enfoque exclusivamente digital. Estas situaciones de aprendizaje tienen su esencia en el plano humanista más puro; algo que la tecnología jamás podrá clonar, suplantar o imitar.

Sin embargo, al alcance del alumnado y, obviamente, del profesorado de Enseñanza Religiosa Escolar, hay múltiples herramientas dinamizadoras de la comunicación, así como programas, aplicaciones y estrategias metodológicas digitales que, si bien no sustituyen a la enseñanza tradicional, sí que son de gran utilidad en una educación no presencial. Solamente precisan de un uso adecuado, una formación completa en lo que a su manejo se refiere y una inclusión coherente en las programaciones didácticas de la propia asignatura.

Las pantallas se han convertido en los nuevos balcones de los vecindarios, en los nuevos espacios de conversación e intercambio de opiniones e ideas. Y esta nueva «realidad educativa» ha llegado para quedarse entre nosotros, mas no para suplantar nuestro instinto relacional ni nuestras ansias de cercanía física. Por ello la no presencialidad, lejos de ser considerada un reto para la comunicación o transmisión de saberes, ha de ponerse en valor como una oportunidad de explorar nuevos horizontes, así como estrechar lazos o trazar puentes entre usuarios que solo están lejos en el plano físico; jamás en el emocional, sentimental o de fe, por más que una pantalla se interponga a la hora de mirarse a los ojos o escucharse con atención.

Y es que en los tiempos de la llamada «distancia social» la asignatura de Religión no puede ni debe quedarse atrás, alejarse. Su alumnado y, sobre todo, su profesorado, han de dar un paso adelante y mostrarse a la vanguardia de los nuevos enfoques educativos, así como de las metodologías activas que se ponen en liza en la escuela de hoy, también en el ámbito digital.

Por tanto, no solo es posible una clase de Religión no presencial, sino que, en caso de ser necesaria, esta ha de llevarse a cabo de manera ejemplar, modélica. Ahí reside la verdadera calidad educativa. La asignatura bien lo merece. Su mensaje es el mejor garante.