Organización digital en clase de Religión

En cualquier labor que pretendamos afrontar se antoja necesaria una estructuración de sus contenidos, al igual que una organización de los mismos. Cualquier dinámica requiere una planificación bien definida, cuyos buenos resultados serán fruto de estrategias organizativas óptimas. En el ámbito educativo todas estas premisas se ven reflejadas en su máximo exponente, ya que de ellas depende la adquisición de contenidos, la consolidación de rutinas, el aprendizaje.

La enseñanza religiosa escolar, al igual que las demás materias curriculares, tiene a su alcance numerosos recursos para realizar una estructuración conveniente de las sesiones, al igual que una organización de los contenidos a trabajar con el alumnado que responda a las necesidades de programación, temporalización y a criterios de maduración y evolución de los aprendizajes en los distintos momentos de la etapa de escolarización.

Todo ello llevado a la clave digital se traduce en una infinidad de herramientas que confieren al profesorado la posibilidad de dotar a sus clases de religión de un sentido dinámico, en el que toda temática está organizada en función a unos recursos metodológicos que la sustentan y acompañan. Las clases están plenamente planificadas, organizadas, estructuradas y, por tanto, cuentan con todo tipo de actividades y dinámicas para un trabajo óptimo en un tiempo demasiado limitado en muchas ocasiones.

En lenguaje digital definimos como curadores de contenido u organizadores a aquellas herramientas que nos permiten guardar todo tipo de recursos de forma organizada o tematizada. Además, dentro de esa estructura organizativa, estas herramientas nos permiten implementar actividades, juegos, dinámicas, archivos, vídeos, imágenes, música y todo tipo de material de apoyo en torno a dichas temáticas que dotarán, a la postre, los centros de interés que seleccionemos para nuestras clases. Separan «el grano de la paja». Lo que interesa de lo que no es de utilidad. Y este aspecto es fundamental para comprender que los curadores de contenido seleccionan y filtran lo realmente necesario de lo que no lo es dentro de los procesos de enseñanza-aprendizaje a nivel de recursos o estrategias metodológicas.

Un organizador de contenido es un recurso imprescindible a nivel educativo porque nos permite alcanzar un grado de organización del aula que va más allá de un simple concepto físico, es decir, de espacio. Estas herramientas nos brindan la capacidad de ampliar nuestro banco de recursos casi ilimitadamente, lo cual es algo muy necesario ya que un tema o centro de interés requerirá de uno u otro recurso de apoyo y consolidación de aprendizajes en función de diversas variables que cambian con el tiempo. Por ejemplo, a la hora de trabajar el ciclo litúrgico, en ocasiones hará falta un vídeo explicativo de cada tiempo, pero no siempre será suficiente con eso. También se hará necesario una ficha para imprimir, o un juego interactivo, o tal vez un pasatiempo, puzle o vídeo-quizz. Es ahí donde el organizador de contenido se antoja esencial para poder guardar toda esta batería de recursos en un espacio determinado con una organización específica.

Y todo ello con una interfaz intuitiva, atractiva y facilitadora. Este aspecto es sumamente importante porque de la fluidez que nos brinde un determinado organizador dependerá nuestra agilidad a la hora de seleccionar las tareas y recursos de una temática determinada. Si una de estas herramientas no me hace más sencillo mi trabajo, no estará cumpliendo la misión para la que fue diseñada o el usuario no estará organizando bien el contenido que desea almacenar. Tan importante es la variedad de herramientas TIC existentes como la adecuada selección de las mismas por parte del usuario para según qué necesidades quiere cubrir. Este será un tema de un posterior artículo en el que pondremos en valor la importancia de saber seleccionar una herramienta.

En la actualidad existen numerosos organizadores de contenido que confieren al docente posibilidades varias a la hora de organizar y almacenar recursos con distintos enfoques, al igual que seleccionar o cribar aquellas estrategias consideradas de menor interés. Así pues, podemos citar Google Drive, Symbaloo, Glogster, Genially, Canva, Coogle, Padlet, Pearltrees, Lino… Todos ellos ofrecen diferentes comandos para distintos objetivos. Tienen especificidades muy concretas que van desde el simple almacenamiento de archivos y recursos hasta la organización de páginas web de interés (webmix), pasando por paneles colaborativos, estructuras de unidades con sus actividades online, etc.

Los organizadores de contenidos, como casi todos los aspectos tecnológicos que atañen al ámbito educativo, han llegado para quedarse en nuestros entornos, existen para hacernos las tareas más sencillas y dinámicas. Se han asentado en la labor docente porque la organización ya no es solamente un concepto de dimensiones físicas, sino que han dado un paso más hasta la dimensión virtual o digital. Y es algo que en la ERE hemos de aprovechar como recurso e incorporarlo a nuestros quehaceres diarios para lograr transmitir a nuestro alumnado un Mensaje que, pese a tener implementados nuevos recursos, conserva intacta su esencia.