Dicen que Niels Bohr (físico danés, 1885-1962) era un personaje bastante peculiar. Por lo visto poseía cierta lentitud de pensamiento y comprensión. En el libro Biografía de la Física (tomada de Gamow, G. Salvat, 1971) se dice que ir con Bohr al cine era algo penoso porque, por lo visto, era incapaz de seguir el hilo de la película. Se hacía un lío con los parentescos, con las intrigas y los giros propios de una película, por muy simple que fuera el argumento de la misma.

Por lo visto, y según cita dicha biografía, también mostraba esa lentitud de pensamiento en las reuniones de ciencia. Cuando algún joven exponía apasionadamente una teoría o trabajo de Física, todo el mundo asistente a dicha argumentación entendía lo que el joven exponía… todos menos Bohr. Así, los físicos presentes intentaban explicarle aquel punto donde se había atascado, montándose tal lío y algarabía que al final nadie entendía nada. Y era en ese caos cuando Bohr empezaba a comprender el tema expuesto. Pero resultaba que no solo la conclusión que él sacaba del asunto tratado nada tenía que ver con lo que el joven había explicado, sino que, encima, Bohr terminaba dando la solución correcta al tema, que no era la que el joven proponía.

Esa lentitud de pensamiento también la demostraba en la resolución de crucigramas. Cuenta la biografía que una noche en su casa, con su mujer y unos amigos, propuso hacer un crucigrama y se hizo tan tarde que decidieron acostarse. Pero a las tantas de la noche fueron despertados por Bohr, que llamaba a la puerta de su habitación para decirles que ya había averiguado cuál era el nombre de la ciudad industrial inglesa de siete letras que aparecía en el crucigrama.

Bien, pues este Niels Bohr tan lento en su pensamiento obtuvo su doctorado en Física en la Universidad de Copenhague con tan solo 26 años. Trabajó con J.J. Thomson y Ernst Rutherford, ambos galardonados (en distintos años y por motivos distintos) con el premio Nobel de Física. En 1922, Bohr obtuvo también el Nobel de Física por sus trabajos acerca de la estructura atómica. Además del Nobel, fue miembro de la Academia danesa de las Ciencias y las Letras, miembro de la Academia de las Ciencias Francesa y premio Átomos para la Paz, entre otras cosas. Él fue uno de los padres de la cuántica, rama de la Física que hoy es base de la informática y la inteligencia artificial.

¿Qué pretendo decir con todo esto? Que un mal principio no determina el final. Bohr pudo haberse dejado «someter» por su lentitud de pensamiento, haciendo que esta le impidiera llegar a ser el gran científico que fue. Pero él siguió con sus trabajos sin darse por rendido, quizás por no ser consciente de esa dificultad suya o porque, siendo consciente de ella, nunca la vio como un obstáculo. Le pudo más su deseo de llegar a donde quería llegar que la dificultad del camino.

Siempre digo a mis alumnos que hay que tener un sueño por el que luchar, pero que también hay que saber tener un plan B por si el fracaso llama a la puerta. Porque, tarde o temprano, tenemos que lidiar con él, y al final uno no triunfa solo por lograr la meta pretendida, sino también por levantarse y hacer del fracaso una lección de vida.

Recordando a Bohr, he tenido muy presente el famoso partido de Rafa Nadal del domingo pasado. Con problemas en los huesos, recién salido de una lesión que le impidió entrenar como quiso, en un partido que empezó perdiendo, tremendamente agotado… ¡y ganó! ¡Y vaya cómo ganó! Porque, aun consciente de las dificultades y teniendo muy presente la posibilidad de perder, decidió mantenerse ahí, al pie del cañón.

La cruz es el símbolo de todo esto que pretendo explicar. Ahí donde los demás ven sufrimiento, martirio y muerte, Dios hace posible la vida. Ahí donde otros vieron lentitud de pensamiento, Bohr vio la oportunidad de desentrañar los misterios del mundo… lento, pero seguro. Ahí donde algunos vieron que el partido estaba decidido, Nadal vio la oportunidad de superarse a sí mismo.

Nada acaba hasta que se acaba. Esto es, el final no está en el primer contratiempo o en la primera dificultad. Hay momentos en que la vida te deja decidir cuándo poner la palabra «FIN», y es entonces cuando entra en juego tu resistencia, tu fortaleza mental, tu perseverancia y la fe que tienes en ti y en lo que haces.

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