LA CURACIÓN DEL CIEGO DE NACIMIENTO (JN 9,1-41) (I)

CONTEXTO

La ceguera era muy frecuente en Palestina. Así como la ceguera es símbolo de las tinieblas espirituales, las curaciones de ciegos obradas por Jesús son signos de los nuevos tiempos.

Respecto al personaje no sabemos bien si fue o no histórico. El evangelista lo tomó como representación de todos aquellos a los que va dirigido su escrito: “dichosos los que creen sin haber visto” (Jn 20,29), es decir, la segunda generación cristiana.

Es un relato exclusivo del Cuarto Evangelio. Se trata de una investigación acerca de la identidad de Jesús.

LECTURA DEL RELATO

Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento (v. 1).

Jesús ve a un ciego.

En el AT la ceguera indica obcecación voluntaria resultado del pecado.

Fue un suceso ocasional.

El hombre había nacido ciego y permanecía ciego.

El hombre no puede ver a Jesús.

Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» (v. 2).

Los discípulos también ven al ciego.

Aprovechan para preguntar a Jesús por una creencia popular judía.

Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres» (v. 3a).

La respuesta de Jesús es clara.

Va en contra de la tradición hebrea.

Con la respuesta, Jesús termina bruscamente el tema del pecado (el tema de los discípulos).

«Es para que se manifiesten en él las obras de Dios» (v. 3b).

¿Está ciego para que Jesús lo pueda curar?

¿Es un Dios cruel que hace padecer ceguera durante años a un hombre para que su Hijo pueda realizar un milagro?

Las circunstancias de la vida deben leerse en el contexto de la obra de Dios.

«Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo» (vv. 4-5).

Jesús introduce el tema del capítulo: Él.

Contrapone día y noche, luz y tinieblas.

Un nuevo Ego eimi.

El momento es apremiante: no siempre estará.

Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo (v. 6).

Jesús escupe en la tierra (junta una parte de él con el sustrato de la vida). Se parece a Mc 8, 23.

El barro recuerda la creación del primer hombre. Representa al pueblo hebreo.

El ciego es ahora más ciego.

«Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). Él fue, se lavó y volvió ya viendo (v. 7).

Interviene Jesús que da la orden al ciego.

Interviene el evangelista que explica el significado de Siloé.

Interviene el ciego que obedece y es curado.

Junto al barro aparece un nuevo elemento: el agua. Representa el bautismo de la comunidad cristiana.

El que se empecina en ver con los ojos hebreos es doblemente ciego. Sólo el cristiano puede ver a Jesús.

Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es este el que se sentaba para mendigar?». Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece.» Pero él decía: «Soy yo» (vv. 8-9).

El evangelista nos aclara la condición del ciego: mendigo. Se trata de un marginado de la sociedad (pecador y mendigo).

Comienza el primer interrogatorio.

Nuevamente se usa el verbo ver. Los vecinos creen ver, pero en realidad no ven a Jesús.

La actuación de Jesús causa división entre los presentes.

Por primera vez interviene el ciego: ha estado pasivo ante la presentación de Jesús.