EL SILENCIO: MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS Y DE LOS CONCEPTOS

Al hablar de silencio estamos hablando de algo que va más allá de las palabras y los conceptos. Tradicionalmente se ha distinguido diferentes niveles de silencio: silencio exterior, silencio mental, silencio emocional y silencio místico. Cada uno tiene su importancia. En latín hay dos términos para mencionar los dos tipos de silencio que podemos considerar:

Tacere: alude a ese silencio fruto de una decisión personal, es un callarse voluntariamente. Podríamos definir este silencio como un silencio exterior, profundamente saludable para nuestro cerebro, al que el ruido le hace daño, saludable para nuestras escuelas y saludable también para nuestras ciudades, que padecen un exceso de contaminación acústica. De hecho, cada vez son más las personas que buscan espacios de silencio. Sin embargo, a pesar de ser muy importante el silencio exterior, no serviría de mucho si nuestra mente no dejase de hablar y hablar. Junto con el silencio exterior, necesitamos cuidar el silencio de nuestros pensamientos, el silencio de nuestros sentimientos y el silencio de nuestras emociones. En la medida en que aprendemos a ser dueños de nuestra mente, que significa dejar de identificarnos con nuestros pensamientos, sentimientos y emociones, en esa misma medida también crece nuestra libertad interior.

Silere: es un silenciamiento interior que acaba siendo un estado del ser, un estado en el modo de estar en las cosas. Cuando vamos viviendo el silencio exterior, el silencio mental y el silencio emocional es cuando se puede producir  un «salto» cualitativo que nos permite acceder al silencio que somos. En este silencio interior sobran las palabras porque es un estado de consciencia, es nuestra identidad.

«Lo que somos nunca podemos descubrirlo como resultado de un razonamiento intelectual»[1].

Lo que somos no lo podemos pensar, lo que somos solo podemos serlo. Y únicamente cuando lo somos lo conocemos. Con el silencio ocurre lo mismo, cuando hablamos del silencio exterior sabemos bien a qué nos referimos, pero de ese silencio que es un estado de consciencia, no podemos hablar apropiadamente, ese silencio solo podemos serlo.

El silencio comienza por ser una práctica y acaba convirtiéndose en un estado. A base de «taceres» voluntarios, como puede ser haciendo ejercicios de silenciamiento, varias veces al día, o a la semana, o al inicio de la clase, se va consiguiendo un «silere», un acallamiento un silenciamiento cada vez más radical. Este acallarse existencial acaba siendo una plena lucidez de percibir lo que somos y lo que es.

 «Cuando conectamos con esa realidad que somos, con el silencio que somos, ahí se produce una obertura desde la que empieza a surgir, a brotar, la sabiduría, una sabiduría que saboreamos. Es una sabiduría que viene de sabor, que no tiene que ver con los conceptos, con la mente, sino que tiene que ver con la experiencia directa, inmediata, que se nos hace evidente porque es lo que somos» [2].

Una cosa es la escucha en clave intelectual y otra, bien distinta, la escucha en clave sapiencial o íntima. La diferencia entre una y otra es que el intelectual quiere entrar en la realidad, penetrar en ella, «diseccionarla» mientras que el sabio es aquel que permite que la realidad entre en él, haciéndose «cuenco».

Habilitar espacios y tiempos de silencio en nuestras clases es abrir paso a este tipo de escucha, a este tipo de conocimiento sapiencial y profundo.

Isabel Gómez Villalba
Docente e investigadora en la Universidad San Jorge. Centrada en la innovación educativa, investigo y diseño experiencias pedagógicas tanto para la integración y desarrollo de habilidades espirituales en el proceso de enseñanza-aprendizaje, como en el estudio y la implementación de proyectos de aprendizaje–servicio.


[1] CABALLÉ, M.: El silencio del yo. En: III Foro de Espiritualidad (Zaragoza, 8, 9, 10 de noviembre de 2013): El Silencio, Fuente y Origen de la Vida. Asociación Aletheia Zaragoza.

[2] MARTÍNEZ LOZANO, E.: Silencio y vida cotidiana. Más allá de la palabra, de los conceptos, del ego, la verdad de quienes somos. En: III Foro de Espiritualidad (Zaragoza, 8, 9, 10 de noviembre de 2013): El Silencio, Fuente y Origen de la Vida. Asociación Aletheia Zaragoza.