LA EDUCACIÓN COMO TRANSFORMACIÓN EN LA CONVIVENCIA

Hace unas semanas falleció el biólogo y pensador chileno Humberto Maturana. Para muchos un gran desconocido. Para mí, uno de los inspiradores de la ética del cuidado, especialmente orientado hacia el ámbito educativo. De él aprendimos que el fundamento biológico de la convivencia es el amor, no la competitividad. El amor es la huella que hace que nos vinculemos y aprendamos juntos. «Somos seres biológicamente amorosos como un rasgo de nuestra historia evolutiva».

Como seres vivos todos tendemos a conservar algo; somos conservadores. El problema es saber qué queremos conservar. Y en este momento de historia de la humanidad donde todo apunta a que estamos cerrando una gran etapa civilizacional, la cuestión estriba en saber qué conservamos de entre todo lo que hemos recibido y construido. Acaso queramos conservar nuestro afán por vivir en comunidad, por construir juntos nuestro destino con nuestros familiares, amigos y vecinos.

Al mismo tiempo, los seres humanos somos seres de transformación. Para Maturana, la educación es el ámbito de la trasformación en la convivencia. Transformación es algo más complejo que cambio. La transformación contiene un momento de conservación (ya señalado) y otro de cambio. Es una metamorfosis. Entre lo nuevo y lo viejo nos quedamos con algo valioso de lo viejo y alumbramos nuevas posibilidades desde lo nuevo que nos visita.

La primera transformación radica en que ese afán conservador por mantener viva la comunidad con las personas con las que estrechamos lazos, ya no puede ser comprendida en términos locales. Hay que pensar en clave de especie humana. «Somos una sola humanidad», repite con insistencia el papa Francisco. Es el momento de comprendernos y actuar como especie. Esto lo entendíamos de niños cuando jugábamos al pilla pilla. En el momento en el que una persona se salvaba decía aquello de «por mí y por todos mis compañeros». La cuestión es entender hoy que esos compañeros son el resto de humanidad con la que configuro eso que somos: especie humana. Por tanto, si fomentamos la sobriedad en el consumo, en la manera de comer, de gastar o de utilizar el transporte privado, es por mí… y por todos mis compañeros. Primera transformación.

Para llegar a comprender que estamos viviendo en un campo de juego global e interdependiente, es necesario parar y pensar. El último libro de Humberto Maturana se titula La revolución reflexiva. Hoy lo revolucionario no es hacer muchas cosas, sino hacer una pausa para escuchar esto que nos está pasando como humanidad, en especial con la pandemia, y actuar en consecuencia. La revolución educativa no radica en sobreabundar en los medios, sino en apuntalar algunos fines educativos que quizá damos por supuesto. Esa es la segunda transformación pendiente.

Reflexionar es vincularse con lo mejor de nosotros mismos, trazar un hilo de conexión con nuestro hondón vital. Desde el fondo de la vida quebrada y de la humanidad herida y consciente de su finitud y fragilidad, nos ponemos a la escucha de las lecciones aprendidas durante este tiempo de pandemia. Lecciones que en la esfera educativa pasan por actualizar algunas de las preguntas claves de todo educador, tengamos o no capacidad de decisión en la institución en la que trabajamos. ¿En qué tipo de persona estamos educando? ¿Hacia qué modelo de sociedad estamos educando? Antes de responder pensemos y paremos; reflexionemos, primero, y compartamos, después, la respuesta.

De Maturana aprendí que educar es convivir. Y en tiempos de intolerancia y enfrentamiento cainita, la frágil diversidad de la que formamos parte como seres humanos, nos coloca ante el espejo donde nos reconocemos los unos a los otros creando en la escuela espacios de convivencia, ampliando esos espacios en la medida en que crecemos en reconocimiento, confianza y colaboración. «El educador o la educadora es aquella persona que adopta la tarea de configurar un espacio de convivencia donde otros se transforman con él o ella». Y de igual manera, estudiar es convivir. De modo que «el estudiante se transforma en la convivencia con el profesor o profesora».

Esto nos recuerda, con Freire, que los seres humanos somos, biológicamente, seres de trasformación abiertos a las múltiples posibilidades que nos despierta la realidad que habitamos. A continuación, os presento un pequeño extracto de la última entrevista que mantuvo Humberto Maturana hace unas semanas.

Youtube: Última entrevista con Maturana

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