Trabajo coopera-TIC-vo en ERE hoy

La situación actual de emergencia sanitaria ha dejado en un segundo plano muchas de las dinámicas y metodologías que el profesorado empleaba de forma frecuente en sus clases cotidianas. Nos hemos visto obligados, en multitud de ocasiones, a priorizar un modo de pedagogía que implicaba la practicidad, lo verdaderamente operativo, partiendo de lo sencillo para lograr la adquisición de contenidos y metas propuestas en un principio.

El trabajo en grupo, por equipos o cooperativo se ha visto reducido a la mínima expresión o, simplemente, rechazado y relegado en todas las áreas, en todas las clases. También en la enseñanza religiosa escolar, donde el contacto humano es algo vital, clave para el desarrollo de habilidades, valores, conceptos. La interacción directa entre los agentes que intervienen en una clase de Religión es la esencia de muchas de las prácticas educativas que esta apasionante asignatura conlleva.

Sin embargo, desde una perspectiva educativa actual, la distancia interpersonal es sinónimo de seguridad, por tanto, todo aquello que traiga consigo acercamiento físico entre el alumnado y el profesorado es considerado de riesgo y potencialmente prescindible.

El trabajo cooperativo, esencial en el ámbito de la ERE

Pero ¿y si ese acercamiento se produjese a través de mecanismos digitales? ¿Y si ese trabajo en equipo fuese canalizado mediante tecnología? ¿Podíamos tener dinámicas cooperativas con herramientas TIC?

Existes numerosos recursos con soporte digital que confieren al alumnado y al profesorado la capacidad de trabajar en grupos o equipos de personas para optimizar en lo posible las capacidades de cada uno a la hora de realizar labores o tareas en común. Es lo que en el argot o jerga actual viene a llamarse «trabajo coopera-TIC-vo». De una forma escueta, es una metodología que se vale de aplicaciones, programas, webs y herramientas que emplean el 2.0 o enseñanza digital para el desarrollo de dinámicas que, en circunstancias «normales», podrían ser puestas en práctica en un aula con contacto estrecho y directo entre las personas. Merced a su índole digital, suplantan esta circunstancia o realidad educativa en favor de un plano comunicativo ágil, dinámico, lúdico, pero que no requiere de contacto físico, sino virtual.

Siguiendo las pautas de un desarrollo habitual del planteamiento de una clase en cooperativo, encontramos aplicaciones que pueden hasta configurar los diversos grupos o equipos que intervienen en la dinámica (Fluky, Team Maker). De igual modo, una vez configurados dichos grupos, disponemos de un sinfín de programas para editar contenidos (Coggle, Kahoot, Educaplay, Smore), vídeos (Quik, Movie Maker, Vizia, Edpuzzle), imágenes (Canva, Genially, Pixabay), así como diferentes plataformas para que todo ese trabajo pueda ser puesto en común o reeditable en documentos colaborativos (Padlet, Google Drive, Pearltrees, Lino).

Interconectar actitudes digitalmente asumiendo roles diversos en el trabajo en equipo

Todos estos recursos TIC pueden ser seleccionados o dirigidos por el profesorado para respetar cada uno de los roles asignados al alumnado, siguiendo criterios pedagógicos indicados como óptimos para el trabajo en cooperativo. Así, pues, se podrían asignar aquellas aplicaciones que requieren una mayor complejidad e implican un liderazgo a los alumnos que encajen en ese perfil, pasando a tareas en la red o de ediciones a otros componentes del equipo que reúnan esas actitudes necesarias para optimizar el rendimiento, los tiempos y, por ende, los resultados obtenidos en la propuesta lanzada. Y, así, sucesivamente, el profesorado podría asignar aplicaciones, webs y herramientas al alumnado que tenga unas determinadas características que respondan a los criterios psicopedagógicos o psicoevolutivos tipo para adoptar roles dentro de un trabajo en cooperativo.

Sin duda este modelo se puede implementar a una enseñanza tradicional con contacto físico entre los agentes que en ella intervienen, algo que sería no solamente conveniente sino también deseable. Mientras tanto, las metodologías activas en la clase de Religión siguen teniendo cabida desde una perspectiva digital, sin renunciar jamás a incorporar la tecnología siempre en favor de una mejora de la práctica docente y del aprendizaje en general. Por ello, es de vital importancia la formación, la práctica y la evaluación de los resultados obtenidos para saber seleccionar las herramientas adecuadas e incorporarlas en los tiempos necesarios bajo criterios objetivos, prácticos y huyendo del abuso digital. No en vano, un equilibrio tecnológico es determinante a la hora de transmitir cualquier mensaje. En la enseñanza religiosa escolar, más aún.

Digireli

Trabajo coopera-TIC-vo en ERE hoy

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