Soy de los que piensa que la RAE ya se ha pronunciado y no hace falta más discusión para que el masculino sea inclusivo en un discurso normalizado. Pero también soy de los que piensan que un discurso normalizado ha de ser también aquel en el que prime el femenino cuando la mayoría de los presentes son mujeres. Y eso en la Iglesia hace tiempo que es un hecho y debería implementarse.

En el convento de las Trinitarias de Suesa (Cantabria) es práctica diaria y lo  viví en las veces que lo he visitado. En la parroquia de Belén del barrio de Zaramaga en Vitoria el sacerdote que celebra(ba) la misa de la mañana también se dirige en femenino a la feligresía porque es la mayoría. 

Pero es que hoy, la inmensa mayoría de las celebraciones de nuestras parroquias deberían hacerse en femenino por coherencia del género mayoritario. Y los hombres no debemos sentirnos marginados, ni excluidos ni nada parecido, al igual que en el día a día las mujeres no deben sentirse excluidas cada vez que se use el género masculino como global e inclusivo, porque la RAE así lo ha reconocido. 

Pero independientemente de lo que diga la Real Academia de nuestra lengua o de cada una de las lenguas, el uso del femenino en las concentraciones donde las mujeres sean mayoría lo deberíamos ir normalizando. Y la Iglesia, la primera en dar ejemplo.

Predicar en femenino es también hablar de un Dios Padre y Madre también. Porque Dios tiene todos los atributos buenos que asignamos a estas dos figuras en la familia (porque qué duro tiene que ser para quienes hayan tenido una mala experiencia familiar asociar los términos madre o padre para Dios).

Predicar en femenino no supone sexualizar el sermón, aunque también se puede hablar de sexo, ¡por qué no! Predicar en femenino, al menos para mí, va más allá del uso del género femenino en el lenguaje. Es incorporar la voz y la visión del mundo y de la Palabra de Dios desde la óptica de la mujer. Y, mientras no demos el paso de darles la palabra a ellas, que sería lo correcto, el sacerdote tendrá que hablar mucho con ellas para ser altavoz de lo que ellas dicen y sienten. 

Por supuesto que estoy a favor de la ordenación de mujeres, pero mientras llega no sería mal paso escucharlas predicar, y para eso el diaconado femenino sería el mejor paso a dar. ¿Lo veremos? Dios quiera. 

Dame 2 minutos

NADA COMO LA VIDA MISMA

Se aprende mucho viendo a los que se dedican a la comunicación y a la interpretación. Hace tiempo vi un monólogo del actor Dani Rovira.

ver más »