En Matemáticas, si se divide 1 entre 0, la solución es infinito. ¿Por qué? Pues porque, en realidad, cualquier valor multiplicado por 0 daría el mismo resultado. Centrémonos.

Si divido 1 entre 2, el resultado es 0’5. Así, si multiplicamos 2 por 0’5, el resultado es 1. Si divido 1 entre 4, el resultado es 0’25. Así, si multiplicamos 4 por 0’25, el resultado es 1. Pero si dividimos 1 entre 0, no podemos llegar a ninguna solución, o podríamos decir que hay muchas soluciones. Pongamos que decimos que la solución es 3. Haríamos como hemos hecho en los párrafos anteriores: multiplico 3 por 0, cuyo resultado es 0 y nos sobra 1 (porque no es una división exacta). Pero también puedo decir que la solución es 324. Si hago la misma operación (324 por 0) me daría 0, y nos sobra 1 de nuevo. ¿Y qué pasaría si dijéramos que la solución es 9340? Pues lo mismo, podéis probarlo vosotros mismos. ¿Y si fuera 248593? Llegaríamos a la misma conclusión. Es por ello que, en Matemáticas, cuando 1 se divide entre 0, obtenemos como resultado infinito, porque hay infinitas soluciones que nos llevarían al mismo resultado.

Bueno, no sé si he sabido explicarme. Como profesora que soy, aquí me falta la pizarra, con tiza y borrador, para hacer mis trazos, flechas, recuadros… y quizás habría sido más fácil hacerme entender.

Lo cierto es que esta división me hace pensar que ni siquiera en Matemáticas podemos encontrar siempre un valor concreto como solución a una operación. Pero esto no quiere decir que no haya solución. Simplemente es que la solución podría ser muy amplia: infinitos valores. Se abre la mente: la posibilidad del infinito.

La operación 1 entre 0 tiene mucho que ver con Dios. Esta es mi opinión personal, que lo mismo, en mi pasión por hacer un diálogo entre la fe y la ciencia, estoy exagerando o errando. Podemos intentar dar una “solución” al misterio de Dios, darle un nombre, un apelativo, un rasgo… pero no lo logramos. Ni nos acercamos, pues son muchas definiciones o acepciones las que encontramos y, aun así, no nos acercamos a la verdad, porque en Dios todo cabe, todo es posible. Él es infinito en todo su ser.

Esta obsesión por “encerrar” a Dios en algo concreto es muy humano. Necesitamos la concreción: una imagen, una definición, una respuesta, una teoría, ponerle nombre a los sentimientos y palabra a los pensamientos (que alguna vez se nos quedan cortas). Todo esto nos da seguridad para ir por la vida. Lo que intento decir es que necesitamos meter las cosas en su caja correspondiente para saber qué es y dónde colocarla en nuestras vida, si no,
nos perdemos.

Dios es mucho más que todo lo que podamos pensar y nombrar. Por eso necesitamos de la religión: porque esta nos facilita la relación con ese Misterio. Gracias a la religión podemos conocer a Dios, su presencia en la Historia y su Palabra, (los libros sagrados), podemos hablar con Él (las distintas oraciones), saber qué es lo correcto y lo que no (ahí andaría el tema del pecado), celebrar la vida en sus diferentes etapas (los sacramentos o los tiempos litúrgicos), dar
sentido la muerte… Eso no es solo en el cristianismo. El resto de las religiones hacen lo mismo.

Pero, una vez que se vive una religión y la vive con absoluta entrega y devoción, no conformándose con la simple práctica sistemática de ritos y fechas, hay algo de Dios que se te revela y que trasciende todo lo que la religión te enseña. Cuando te das cuenta de ellos, sientes como que se ha abierto una puerta que va más allá de las “fórmulas” que nos da la religión.
Pasamos a tener ganas de Dios, a querer estar con Él más allá de la misa de los domingos o del rezo de una oración concreta, con una libertad y una confianza como nunca has sentido. Podemos decir como en los juegos: hemos pasado a la siguiente fase, y esta es la fase en que se vive el deseo de Dios.

Por ello necesitamos la religión: porque nos lleva a lo Infinito. Y quizás, como en el ejemplo matemático que puse al inicio en este artículo, no hay un solo camino, sino muchos. De ahí el hecho de que no haya una sola religión (otra cosa es que cada uno piense que la suya es la única). Incluso en nuestra propia religión no hay una sola forma de llegar a Dios y vivir la fe, sino muchas. Ahí están los distintos carismas. Todos diferentes, pero todos buscando llegar a
ese infinito.

Dicen que las Matemáticas es el lenguaje de la Ciencia. Yo añadiría que es también el lenguaje de la naturaleza. Podemos establecer leyes científicas que expliquen el funcionamiento del mundo, pero esa explicación solo la podemos dar “usando” las Matemáticas.

Las Matemáticas pueden ayudarnos a llegar a lo inexplicable, lo indeterminado, lo infinito. Quizás también esta Ciencia Exacta sea el lenguaje de Dios. Y, creedme, cuando llego a esta premisa, no puedo dejar de sonreír de satisfacción. ¡Qué grande es este Dios que no es ajeno a nada!

A Dios le gustan los números

LA IMPORTANCIA DE LOS LÍMITES

Dios no tiene límites. A veces hasta se pasa de la raya. Nada más que hay que ver la cruz. Dios no «acabó» ahí. La Resurrección hizo que la vida continuara.

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