La lectio divina (o lectura orante de la Palabra), con sus pasos (lectio, meditatio, oratio y contemplatio), facilita la oración individual o comunitaria. Aquí presentamos varios ejemplos de lectio divina desarrollados por la Fundación Ramón Pané y otros ejemplos sacados del Proyecto Nazaret.

La lectio divina (lectura orante de la Biblia) es una forma de oración y reflexión que se desarrolla a partir de un texto bíblico y que cuenta con una gran tradición en la Iglesia. Tiene carácter tanto individual como grupal. Desarrolla una metodología propia con cuatro pasos: lectio (lectura), meditatio (meditación), oratio (oración) y contemplatio (contemplación). En esta sección se ofrecen varios textos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Algunos de los textos pertenecen a los materiales catequéticos del Proyecto Nazaret. Otros textos los comparte la Fundación Ramón Pané. En todos ellos se ofrece el siguiente esquema: ambientación, lectio (leo el texto), meditatio (me dejo leer por el texto), oratio (hablo con Dios a partir del texto) y actio (me comprometo desde el mensaje de fe del texto). Con esta sección queremos enriquecer las propuestas de oración para la pastoral, ofreciendo una forma de oración presente desde los inicios del cristianismo y adaptada a los tiempos actuales.

«Se mantenían firmes en las enseñanzas de los apóstoles» Hechos 2,42-47

Dice el Catecismo que la Iglesia «es el pueblo que Dios reúne en el mundo entero» (n. 751). Comenzamos con unos momentos de silencio, con una breve invocación al Espíritu Santo o entonando un estribillo, por ejemplo, Ilumíname, Señor con tu Espíritu, de Mariano de Blas.

«Hoy tengo que alojarme en tu casa» Lucas 19,1-10

El pasaje que vamos a leer es una de las obras maestras del evangelio de Lucas. En él Zaqueo se convierte de «buscador» en «buscado». Jesús siempre toma la iniciativa, se invita a entrar en nuestra casa y espera que le reconozcamos como el «Señor».

«Ahí tienes a tu madre» Juan 19, 25-27

Una de las creencias cristianas más arraigadas entre nuestro pueblo es la de María como Madre de Jesús y Madre nuestra. Una certeza de fe nos lleva a afirmar que la mujer que estuvo siempre al lado de su hijo, incluso en los momentos más difíciles, no puede abandonar a quienes, como dice san Pablo, somos hijos en el Hijo.